¿Quién dijo calle?

Después de casi un mes de viaje, por fin sabíamos que día era. El bus nos dejó en la entrada de esta pequeñísima ciudad, el volcán Imbabura estaba resplandeciente, la mañana fresca, perfecta para caminar despacio y mirar sin preocupaciones. Era sábado, el día en el que la feria de artesanos indígenas más grande de Latino américa se despierta a encantar a los andariegos.

_MG_6599

*Serie Otavalo

Si aún no saben dónde andábamos, daré más pistas.  De un toldo a otro se saludan así: Alli-puncha. Las mujeres sonríen con timidez y parecen desfilando para el reinado local; collares dorados, meneo de faldas, flores bordadas en las blusas, a mi me parece que van de fiesta. En los toldos, por el suelo, caminando, todos ofrecen magia en lo que venden, menos la niña con los caracoles con sal y limón, esos pasabocas bizarros se quedaron solo en fotos.

 
_MG_6610

_MG_6627_MG_6606

El gringo, el oriental, el inglés, el argento y los caleños, que en los últimos tiempos andan mucho por Ecuador, todos compran chaquetas, medias y guantes de lana, cobijas, sombreros, telares con estampados coloridos (valga aclarar que TODO es colorido), alpargatas y no falta el que pregunta el valor del traje típico.

Nosotros nos tomamos muchos vasos de jugo de tamarindo, otros cuantos de jugo de coco, choclo con salsa de queso y queso rayado, un chuzo de dos pisos, unas cuantas empanadas de queso, que más bien parecían hojuelas con queso y quedamos listos para la Pilsener con el maíz tostado.

Otavalo, para los que aún no habían caído en la cuenta, es esa pequeñísima ciudad que sonríe en quechua, te refresca el alma y de las que te dan ganas de volver para volver al ser.

_MG_6654   _MG_6617      _MG_6631

 

*OjO: Diego Robledo-Tiburón “Serie Otavalo”.  Más foto bacanas del Tiburón aquí