El museo de cachivaches

“En esta calle es más fácil ver una hormiga que a un policía”

Guillermo Berrio Bedoya es el  dueño del bar “Cachivaches Memo”. Cachivaches por la cantidad de reliquias que sostiene el techo de su cantina. Lleva 20 años “y pedazo” en Téjelo.

Antes el lugar se llamaba “Marsella” y el  dueño era un señor Fernando Gaviria que por no pagar impuestos le hicieron un alzamiento y fue ahí donde Guillermo tuvo la oportunidad de alquilar el local. Todos los días abre a las 10 de la mañana y lo cierra, “no sé a veces a las 10, a las 11, a las 1,  a la una, el día sábado a las 12 y 30 ó  1 y 30”.

– Mija, hace cuántos que esto figura como Cachivaches Memo

– Eso ya va pa’ dos años

– A mire pa’ dos años.

Cuando llegué a Téjelo, en los 80, llegué a este bar, era el administrador. En esos tiempos el aguardiente costaba 15 pesos, yo me enredaba para contar, porque se tomaba mucho, así que andaba con un papelito haciendo la suma; dos aguardientes 30 pesos, tres 45 pesos. En ese tiempo uno podía vender de 10 a 11 de la mañana cuatro o cinco botellas de aguardiente.

Pero ahora ese aguardiente que sacaron, el chirrinchi, ha acabado con la fábrica de licores, por que uno con 1.200 pesos compra una botella de chirrinchi y con esa plata no se compra un aguardiente

Mientras Memo recuerda su pasado aparece una mujer rubia, con una camisa ajustada al cuerpo, abraza a Guillermo, le acaricia la espalda se queda un momento y se despide.

La esposa de Guillermo que ha estado sentada con él todo el tiempo reacciona.

-¿Quién es esa?

-Esa fue esposa de  ”Montecristo”

-Pero muy confianzuda, qué es eso

-Mija, toda la vida ha sido así, toda la vida… Entonces

La esposa de Guillermo no contenta con la respuesta se queda mirando con desprecio a la rubia que se asoma a la barra del bar mira y se va.

Entonces yo ahora le pago el alquiler a la dueña de esto. Lo llené de reliquias. Todas son mías, eso que sanidad me hizo quitar muchas. Esas cámaras las conseguí acá mismo, personas que venías y las iban a botar a la basura yo se las compraba por cinco o 10 mil pesos. Aquella taza era de mi papá, la vasenilla de mi mamá…

La decoración del bar se debe al deseo de Memo por innovar, aquí no hay un lugar así, yo quería que se viera diferente, por ejemplo en las plazas de Itaguí y Envigado hay negocios muy bonitos.

Aunque “Cachivaches Memo” se ve como un museo de vestigios, llamativo para cualquier transeúnte, últimamente ha sido olvidado y ya muy poca gente lo visita. Primero la gente no viene por la inseguridad y segundo la plata se va acabando, antes una cerveza costaba 20 pesos, ahora vale 1700 pesos. Y la gente ganándose el mínimo no le alcanza para comprar nada.

La inseguridad de la calle, Memo la atribuye a la oscuridad que generó en los bares la instalación de los puestos de madera por el centro de la vía, estos puestos los hicieron muy mal, le tapa toda la visibilidad a los negocios, todo se ve oscuro y además ahora hay mucho atracadorcito. Memo explica que a pesar de que la gente de Téjelo está organizada y no permite que nada pase, a los clientes les da miedo pasar por allí.  En esta calle la única forma de ver un policía es que haya un problema. Es más fácil ver una hormiga, que a  un Policía.

A diferencia de lo que pasa en toda la ciudad, en Téjelo no cobrar “vacuna” (cuota ilícita que obligan a pagar a  los vendedores  los grupos al margen de la ley por su “seguridad”) esto se debe, según Guillermo a que  “aquí somos los mismos, todos nos conocemos,  hay solamente, haber, tres, cuatro,  seis  negocios nuevos, de resto somos los mismos”

A pesar de las dificultades que ha tenido que sobrepasar su negocio, Guillermo aprecia el lugar que lo recibió desde hace décadas, pero la nostalgia lo invade al pensar en el presente y en lo que pasará. Yo quiero mucho esta calle, somos muy unidos, pero si me encuentro, como le digo yo, la gente se va mermando, mermando día por día, no se sabe si será por la plata o qué será.

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Un vistazo a Tejelo

Desde Arriba, desde abajo, adentro,por dentro. Tejelo por todos los ángulos

Solo por saber

¿La conoces?

Así la vio él

Fotografías de Andrés Raigosa para su especialización en Periodismo Urbano.

http://www.flickr.com/photos/raigohead/3310026527/in/set-72157614450010424/

Pregunta rápida

Hildebrando es un señor que vende en el minimercado “Pague menos”. Este  local lleva  25 años funcionando, de los cuales Hildebrando ha estado 19. En el minimercado venden exactamente las mismas frutas y verduras que en los toldos de afuera, la diferencia es que esta mercancía está en un local de cemento, aparentemente más protegida. El vendedor esta distraído y no le interesa hablar mucho. Para esto una pregunta contundente.

¿Hay gente para tanta fruta y verdura?

– Hay clientes para todos. Nosotros vendemos con los mismos precios de la minorista eso es una ventaja.


Jaime Amaya Amado el embolador

“Antes… había más plata, más gente, más trabajo”.

Lleva puesta una camisa con delgadas rayas rojas y blancas, la camisa tiene un bolsillo y dentro de él se asoma una billetera repleta de papeles cansados de estar ahí. En el cuello tiene un trapo rojo desgastado, como sacudidor de colegio, se limpia la cara cada momento, es un tic. Su peinado es impecable, una parte de su pelo va hacia atrás y la otra mitad a un lado, fue un coca-colo es sus tiempos de juventud. Lleva unas zapatillas negras que hacen alarde de su trabajo y por último sostiene, mastica y no bota un palillo en el lado izquierdo de su boca.  Ha pasado 12 años brillándoles los zapatos a los visitantes taciturnos de la calle Tejelo, conoce bien a cada uno de los dueños y empleados de los bares y algunos vendedores del lado B.

De fondo se escucha una ranchera:

¿Qué fue lo primero que hubo en Tejelo?

La lógica, la lógica, fueron los bares, después almacenes y ferreterías.

¿Cuál es el bar más antiguo?

El más viejo es el Marsella (ahora Cachivaches), después el Hormiguero.

Con el Museo de Antioquia, la calle Carabobo y todos lo cambios en el centro ¿Ha cambiado Tejelo?

La calle no ha cambiado mucho, sigue siendo normal

¿Cuáles son sus clientes?

Mis clientes están muy bien definidos, por lo menos éste que está aquí es un cliente, (un hombre que se fumaba un cigarrillo afuera del bar Piel Roja, sus zapatillas estaban brillantes) allí arriba en donde los  electricistas tengo otro y así, por ahí.

¿Qué días viene?

Vengo todos los días

¿Es que dónde vive?

Vivo por acá cerca, en un hotel, por eso vengo que pereza uno en una pieza encerrado como un bobo, mejor me vengo por acá y si hay trabajo, trabajo.

¿Le va bien?

Esto es un poquito voluble y ahora con la situación que hay de desempleo, ahora la gente… (Se queda callado)

¿Y cómo era antes?

A vemaría, ni hablemos. Anteriormente cuando estaban las Empresas Públicas aquí venían todos los trabajadores a beber, hasta jefes de oficina. Del personal que yo conocía, que visitaba esta calle ya hay uno que otro…

¿Le gusta más la calle de antes o lo que es ahora?

Antes, porque había más plata, más gente, más trabajo.

Una de las fruteras

 

“Aquí vienen de todas partes japoneses, chinos, gringos, rusos, argentinos, esos feos, todos despelucados que no sabemos de dónde son”.

Mariana Urrego tiene un puesto de frutos, es una mujer blanca, de mediana estatura, lleva 15 años en Tejelo.

 ¿Desde qué hora despierta Tejelo?

Esto está abierto de seis a 10 de la noche.

 ¿Vienen muchos turistas?

Aquí vienen de todas partes japoneses, chinos, gringos, rusos, argentinos, esos feos, todos despelucados que no sabemos de dónde son.

¿En qué época del año?

Todos los días uno ve un extranjero diferente, por aquí pasean mucho. Preguntan mucho, preguntan más que comprar. Que cómo se llama ésta fruta, esa, la otra (señala los melones y las granadillas). Son muy buenos preguntando.

¿Es seguro Tejelo?

Esto es muy seguro. Entre la Policía y la misma gente se colaboran mucho.  Estos puestos nos los dio el Municipio, son alquilados, con lo que trabajo aquí sostengo a  mi familia

Emilse y la ponchera de morcilla

“Llevo 18 años aquí vendiendo morcilla, solo morcilla”

Emilse es trigueña, el cabello es de raíces africanas y lo mantiene pegado a su cráneo con unas trenzas. Tiene puesto un delantal blanco y entre sus piernas, sobre una silla, sostiene una ponchera grande rellena de morcilla y asadura. Para mantenerla caliente le pone un pedazo de bolsa transparente. La cantidad que menos vende cuesta mil pesos, ni 300, ni 500, de mil en adelante. Ella se ubica en plena acera, donde no debería estar, según Espacio Público, pero también donde más la ven.

¿Han sido buenas las ventas por estos días?

Nada, han rebajado mucho, desde el año pasado no se vende casi, como desde noviembre. Pero igual con esto es con lo que he sobrevivido desde hace tiempo.

¿Le gusta este lugar dónde vende?

Hay sí, porque por aquí se vende más que en esos quioscos, o sea, a nosotros nos dieron quiosco pero por la parte de atrás, al lado de los bares, y por allá no pasa gente, en cambio por acá sí.

¿Hace cuánto se pasaron para este lado? (hay cerca de cuatro mujeres más vendiendo morcilla)

De 18 que levo acá, hace tres años que no pasamos.

¿Qué les dice Espacio Público por haberse cambiado?

No nos molestan, para nada, no nos dicen nada. Lo que sí molestan es porque no tenemos nada para echar las basuras y debemos tener siempre una bolsa para recolectarlas.